GRIEGC | El papel moneda en Cataluña
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El papel moneda en Cataluña

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El papel moneda en Cataluña

La actividad financiera de Cataluña se vio alterada como consecuencia de la guerra, derivándose ya desde los primeros meses del conflicto una gran escasez de moneda fraccionaria y un atesoramiento de las monedas de plata por parte de los particulares que motivó su desaparición a pesar de los numerosos Decretos que prohibían y castigaban dicho acaparamiento. Igualmente el Gobierno Central también contribuyó a esta total desaparición de plata en vez debido a su utilización en sus compras de material en el extranjero. Y es que la incapacidad del Gobierno de la República ante este problema provocó que fuera imposible poder volver cambio o ajustar ningún pago debido a la falta de moneda pequeña.

En cambio, la Consejería de Economía de la Generalitat de Cataluña dirigida aquellos meses por Josep Tarradellas reaccionó rápidamente ante este grave problema y partir de un decreto del Gobierno de la Generalitat de Cataluña del 21 de septiembre de 1936 se creó el Papel Moneda Nacional catalán de curso legal en toda Cataluña con la misma consideración que los billetes del Banco de España. De esta manera fue creada una emisión de billetes por un importe total de 20 millones de pesetas con los valores de 10 pesetas, 5 pesetas y 2,50 pesetas, siendo de curso obligatorio en toda Cataluña y que también circuló por toda el área republicana del frente de Aragón.

Pero esta nueva emisión de billetes aunque facilitaron el movimiento de la economía catalana evitando un colapso, no resolvió el incómodo problema de las dificultades de los cambios ya que estos nominales eran demasiado elevados todavía. Así por tanto, estas dificultades originó el nacimiento y la proliferación de Vales y Bonos particulares que la casi totalidad de establecimientos se vieron obligados a crear por iniciativa propia para solucionar sus problemas particulares aunque acabó convirtiéndose en problema debido a que esta operación representaba un beneficio ilegal y abusivo por parte de quien distribuía el vale ya que el ciudadano tenía que volver al mismo establecimiento si quería que este fuera útil.

Para poner fin a este problema, los municipios catalanes comenzaron a emitir moneda fiduciaria de pequeños valores divisionarios de curso legal y obligatorio pero limitado en su término municipal, emisiones facultadas por el Gobierno catalán con la modificación de la Ley Municipal Catalana del 9 de octubre de 1936. Así, a partir de finales de 1936 y sobre todo en el curso del año 1937, la mayoría de los Ayuntamientos utilizaron este privilegio emitiendo generalmente papel moneda de los valores de 1 peseta, 50 céntimos y 25 céntimos y más tarde de 10 céntimos y 5 céntimos, obligando a retirar todos los Vales y Bonos hechos por particulares.

Solo en Cataluña existieron cerca de 3.500 signos monetarios diferentes, y es que de los 1.075 municipios existentes oficialmente en Cataluña en 1937, 687 emitieron papel moneda o algún otro signo monetario local y unos 388 municipios se abstuvieron de crear moneda local propia, aunque estos municipios que no emitirían moneda sólo representaban el 9% de la población catalana. Casi todas las emisiones fueron realizadas en el curso del año 1937 aunque existieron algunas poblaciones que iniciaron sus emisiones a finales de 1936, como fue el caso de Cadaqués, entre otros. Cerca del 60% del total circulante con 13 millones de pesetas representaba sólo a la veguería de Barcelona que contaba con poco más de la mitad de la población de Cataluña en comparación con el circulante más bajo, 400.000 pesetas que correspondía a la veguería de Tremp, la menos habitada también de Cataluña; mientras que la media divisionaria que podía disponer cada ciudadano oscilaba entre las 4,25 pesetas de la veguería de Tortosa y las 9,46 pesetas de la veguería de Girona, siendo la media en Cataluña de 7,78 pesetas por cabeza.

La gran mayoría de la moneda divisionaria local fue en forma de papel moneda, aunque algunos ayuntamientos emitieron monedas metálicas (en aluminio, cobre, hierro, hojalata, latón, níquel o zinc) a pesar de la carencia de metal que existía en esa época. Cabe señalar sin embargo que Cataluña fue el primer territorio del mundo en emitir papel moneda de plástico (Calaf, Sesgueioles) y celuloide (Falset, Granadella, Vilella Baja) y también de los pocos países en emitir en pergamino natural (Selva de Mar, Tírvia) y el único en emitir en madera (Ivars de Urgell). En cuanto a su forma y tamaños, el más común era el rectangular apaisado de 60 x 100 mm aunque existieron de muchos tipos, incluso ovalados.

Finalmente sin embargo, el Gobierno Central y a través de diferentes Decretos del Ministerio de Hacienda y Economía publicados en la Gaceta de la República los días 8 de enero y 25 de febrero de 1938 prohibió la emisión y circulación de todo el papel moneda emitidos por corporaciones y organismos regionales o locales, declarándolos ilegales y ordenando la retirada en el plazo de un mes aunque su retirada definitiva no fue hasta a partir del tercer trimestre de 1938.