GRIEGC | La toma de Rudilla (Teruel)
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La toma de Rudilla (Teruel)

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La toma de Rudilla (Teruel)

La actual comarca turolense de las Cuencas Mineras, situada al norte de la província de Teruel y compuesta por unos 30 municipios tuvo un papel destacado durante la Guerra Civil ya que se llevaron a cabo duros combates debido a la proximidad del frente, que dividió a diferentes municipios de la comarca en ambos bandos.

Desde el inicio del conflicto hasta la ofensiva realizada por el Ejército nacional a principios de marzo de 1938 en Aragón, los combates y escaramuzas en la zona del frente establecido en los municipios de esta comarca fueron abundantes, pasando de bando algunas poblaciones, como sería el caso de Vivel del Río o Rudilla, entre otros.

Sobre este último caso, es si cabe destacada la operación que realizó a principios de agosto de 1937 el Ejército Popular de la República en la zona de Rudilla, un pequeño pueblo situado en el norte de la comarca de las Cuencas Mineras y que actualmente pertenece al municipio de Huesa del Común.

Vista actual de Rudilla

Vista actual de Rudilla

Centrándonos en la operación en sí, después de meses de una ligera tranquilidad en esta zona del frente en cuanto a combates se refiere, el mes de agosto de 1937 se inició con una importante ofensiva republicana en este sector que culminó con la toma de varios pueblos. La prensa gubernamental como no podía ser de otra manera fue informando con detalle de las operaciones que se fueron llevando a cabo durante estos días. Así por ejemplo el día 3 de agosto la prensa republicana informaba que las tropas republicanas, tras un fuerte tiroteo, habían ocupado el pueblo de Bádenas, haciendo huir a la desbandada a los falangistas que lo defendían. Posteriormente las fuerzas republicanas llegaron a la altura de Piedrahita y rebasaron la posición de La Muela de Anadón, preparando de esta manera el ataque a Rudilla. Igualmente también fue ocupada la línea de posiciones que iba desde Valdespino a La Rocha; mientras que otras unidades, desbordando las posiciones que dominaban Piedrahita-Colladico, y escalando la sierra, enlazaron en La Rocha con las fuerzas anteriores. En otra zona más alejada y al sur, hacia Portalrubio, un reconocimiento de las tropas gubernamentales había permitido entrar en Pancrudo, población que había sido rebasada sin encontrar enemigo, igual que la posición de Corral Nuevo, continuando así su avance.

Al día siguiente el comunicado del Ejército del Este informaba que una vez conquistado el pueblo de Bádenas, continuaba la progresión de las fuerzas republicanas que habían ocupado la línea de Piedrahita y El Colladito, Morro del Cucalón, Salcedillo y posiciones inmediatas a Rudilla y Los Villares; aunque el avance se había ralentizado debido a la seria resistencia encontrada.

La ofensiva republicana continuaba por la zona y el día 5 de agosto era ya ocupado el pueblo de Rudilla, rebasándose incluso en algunos kilómetros hasta encontrar seria resistencia. También se mencionaba un contraataque de fuerzas rebeldes a las posiciones republicanas de Salcedillo con fuego de fusil y ametralladora. La ofensiva republicana había sido importante ya que se habían capturado un buen número de prisioneros y más de 3.000 cabezas de ganado, además de informar que cinco soldados rebeldes se habían pasado al bando republicano.

Este mismo día se publicaba una nota que ampliaba la información sobre las operaciones de este sector con un tono claramente propagandístico[1]: “La victoriosa acción de nuestras fuerzas a todo el largo del frente de Aragón prosigue. Particularmente en la parte norte del frente de Teruel, las cosas marchan muy bien. Ayer fue la línea Piedrahita-Salcedillo y las posiciones dominantes de Rudilla y Los Villares que permiten a las tropas republicanas extender el frente en un sector que nos es muy interesante. Ahora, fortificadas aquellas posiciones y convenientemente reforzadas las que han de actuar como base se ha atacado a fondo a Rudilla, población en la que desde ayer ondea ya la bandera republicana. Esta fue una acción magnífica, en la que el Ejército Popular Regular se movió con acierto y decisión cubriendo al detalle los objetivos previamente señalados por el mando. Ni la contumacia de los aviones y artillería facciosa, ni el empeño demostrado por los engañados defensores de Rudilla, pudieron hacer nada ante el ímpetu de nuestros soldados. Día a día vuelve a la España leal el terreno que tantas bajas costó al enemigo, y lo mejor de todo es que para ganarlo no hay que hacer grandes sacrificios de sangre, sino estudiar detenidamente la operación y disponerlo todo en suerte que cada pieza de este engranaje, que es nuestro ejército, cumpla estrictamente el objetivo que se le indica”.

Diario <em>La Rambla</em> del 4 de agosto de 1937 donde se informa de la toma de Rudilla por los republicanos

Diario La Rambla del 4 de agosto de 1937 donde se informa de la toma de Rudilla por los republicanos

Al día siguiente, día 6, se ampliaba la información sobre la toma de Rudilla, en la que se decía que la singular situación del pueblo permitía a los soldados republicanos dominar el campo rebelde en una gran extensión. Destacaba que había sido sorprendentemente fácil el avance efectuado por la tropas republicanas; ya que los rebeldes habían retirado la artillería para emplazarla en unos montículos donde creían resistir mejor la acometida republicana. Pero sin que ese movimiento les proporcionara ventaja alguna, los soldados gubernamentales, muy bien orientados atacaron, y antes de entrar en el pueblo obligaron a los rebeldes a un repliegue. El éxito coronó la acción de las fuerzas republicanas que al llegar a las trincheras nacionales y a las primeras casas del pueblo observaron que en las ventanas y balcones ondeaban banderas blancas y salían al paso de las fuerza republicanas con los brazos en alto soldados del ejército rebelde. La toma de Rudilla había permitido aparte de apoderarse de unas posiciones bien situadas, reforzar la moral, viendo el desconcierto que reinaba entre los rebeldes. La acción de referencia había reportado también cuantioso botín, pues parece ser que en Rudilla no esperando los rebeldes el ataque por este punto, habían acumulado víveres y suministros de guerra destinados a todas las tropas nacionales del sector.

Sobre este último hecho aun se añadía más información el día 7 en los medios escritos republicanos cuando se decía que tan importante había sido el botín de Rudilla que el Ejército republicano podía estar abastecido para varios días sin tener necesidad de consumir otras vituallas que las apresadas. Según se decía pasaban de 4.000 las cabezas de ganado, ya que se les tenía que sumar a las primeras que habían caído en manos republicanas dos rebaños que los rebeldes guardaban en un corral del cerro de Rudilla. También se añadía un gran número de aves de corral, que en parte se habían devuelto a los vecinos del pueblo que los rebeldes habían robado. El comunicado oficial de ese día 7 de agosto informaba que las baterías rebeldes habían cañoneado las posiciones republicanas de la Sierra de Cucalón y las últimas conquistadas.

La ofensiva se paralizó en estos días aunque no así los combates. Así por ejemplo el día 9 de agosto el comunicado oficial del Ejército de Este informaba que en el sector de Rudilla se habían rectificado ligeramente las líneas republicanas con miras a una mayor solidez de las posiciones que se ocupaban. Además también se decía que se habían presentado cuatro evadidos.

El día 11 por su parte el comunicado oficial del Ejército del Este comunicaba que las posiciones republicanas de Rudilla habían sido hostilizadas con disparos de mortero y cañón, cuyo fuego había sido acallado por la artillería propia, habiéndose presentado también a las filas republicanas nueve evadidos.

De aquí en adelante, las fuerzas republicanas construirían un sinfín de posiciones defensivas entorno al pueblo de Rudilla, destacando sobretodo trincheras y nidos de metralladoras, vestigios que por otra parte y a pesar de los años han llegado algunos hasta nuestros días.

Nido de ametralladora en Rudilla

Nido de ametralladora en Rudilla

[1]  La Vanguardia. 5 de agosto de 1937.