GRIEGC | La defensa del Coll de Balaguer (Vandellós y l’Hospitalet de l’Infant)
1245
single,single-post,postid-1245,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1200,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive

La defensa del Coll de Balaguer (Vandellós y l’Hospitalet de l’Infant)

pep_coll5

La defensa del Coll de Balaguer (Vandellós y l’Hospitalet de l’Infant)

En el actual término municipal de Vandellós y l’Hospitalet de l’Infant se encuentra el Coll de Balaguer, una sierra muy cercana al mar de no más de 155 metros de altura pero muy importante estratégicamente por ser el paso natural de Valencia a Barcelona por la costa. El camino por el Coll de Balaguer siempre ha sido difícil y tortuoso, de curvas interminables y subidas empinadas, y llegó a ser uno de los sitios favoritos de Cataluña para la actuación de los bandoleros.

Durante la Guerra Civil y después de la fortificación de la franja costera del Coll de Balaguer y l’Hospitalet de l’Infant iniciada a finales de 1936 ante la imperiosa necesidad de defender la costa en previsión de posibles desembarcos de tropas franquistas; las diferentes circunstancias de la guerra obligaron a los estrategas militares republicanos afrontar a partir de la primavera de 1938 una nueva fase de fortificaciones del Coll de Balaguer mucho más ambiciosa.

Las obras de las fortificaciones del Coll de Balaguer fueron iniciadas a mediados de abril de 1938 por prisioneros de guerra del bando sublevado y finalizadas más tarde por personal civil voluntario cuando los reclusos fueron trasladados a finales de septiembre hacia el Pirineo.

Durante estos meses se construyeron todo tipo de asentamientos con el fin de establecer la red de fortificaciones del Coll de Balaguer teniendo en cuenta la enorme potencia de fuego de la artillería así como el uso masivo de la aviación durant el conflicto, que obligó a replantearse las estrategias y desarrollar sólidos sistemas defensivos. Los asentamientos más importantes eran las trincheras y los fortines como los nidos de ametralladora, con el objetivo de crear sólidas posiciones de resistencia. Estos iban acompañados de otras posiciones de campaña como eran en los pozos de tirador, los parapetos de piedra seca y los polvorines; edificándose también asentamientos de mando; observatorios situados en posiciones elevadas; refugios de personal para albergar la tropa; así como depósitos de víveres y municiones; unidas todas estas posiciones a través de un complejo conjunto de pistas militares[1].

Este faraónico proyecto precisaba de una compleja y ambiciosa obra de ingeniería siendo su impacto tan brutal en el terreno que desfiguró parte del paisaje arrasando tierras de cultivo, dinamitando montañas para hacer desmontes y removiendo miles de toneladas de roca. Los 11 km lineales que ocupaban los fortificaciones del Coll de Balaguer estaban concebidos como una sola unidad que seguía una clara idea estructurada sobre un proyecto de estricto rigor, sentido lógico y estratégico. Estas fortificaciones fueron planificadas según los normas vigentes y en los más exigentes sistemas de fortificación de campaña, como eran: la constitución de barreras continuas de fuego apoyadas por la presencia de obstáculos; la diseminación de elementos por el territorio pero al mismo tiempo ligados por un entramado de eficaces vías de comunicación; el siempre efectivo factor sorpresa; así como el escalonamiento en profundidad de las posiciones defensivas y su ocultación. Sobre este último aspecto, los construcciones se enmascaraban para que pasaran inadvertidas a la observación enemiga imitando los barracas y los márgenes de piedra seca, utilizando muchas veces los pedruscos de la zona y plantando vegetación a sus alrededores  en muchos de los casos para camuflarla.

Los militares republicanos planificaron el campo de batalla basándose en la topografía, vegetación, población, vías de comunicación y naturaleza del suelo, aunque sobre la marcha hubieron modificaciones. De hecho, esperaban que las tropas franquistas vinieran desde Vinaròs dirección Tarragona por la carretera que atravesaba el Coll de Balaguer, así que por este motivo los fortificaciones estaban orientadas hacia el sur. A grandes rasgos, emplazaron una primera línea de defensa en el Barranco de les Forques, también llamado de Cap de Terme o Barranco de la Almadraba;  una segunda línea en el Collet del Vent, el Comú de Veïns – el Gallo y en la zona actual de las centrales nucleares; una tercera en el Puente de la Batalla del Barranco de Llèria y una detrás a la Bassa Nova y el Aigualcoll.

Zonas del Coll de Balaguer

Zonas del Coll de Balaguer

Leyenda:

Barranco de les Forques         BF

Barranco del Cap del Terme  BT

Almadrava – Cala Ronyosa     AC

Collet del Vent                           CV

Comú de Veïns – el Gall           CG

Centrales Nucleares                 CN

Llèria– Albercoquer                 LA

Bassa Nova                                 BN

Barranco de l’Aigualcoll           BA

Caladoques-Torn                       CT

L’Hospitalet-Llastres                HL

Al Barranco de les Forques se llegaba por la antigua carretera de El Perelló y coincidía en parte con los límites del término de la Ametlla de Mar, tras superar la caseta d’en Terçà. Su posición privilegiada buscaba aprovechar la posición para tomar el lugar de superioridad lateral respecto a las tropas que vendrían circulando por la carretera nacional. La línea que seguía el foso natural que formaban los paredes del arroyo, contaba con pequeños núcleos de resistencia muy bien construidos, permitiendo que un ejército agresor tentara la suerte intentando bajar por el arroyo y buscar algún punto débil en el sistema defensivo[2].

Entre los elementos defensivos de este sector destacaban sobre todo las trincheras así como los nidos de ametralladora, varias posiciones para pequeños cañones antitanques y un depósito de agua, entre otros. Sobre las trincheras estas habían sido las primeras en construirse, dedicándose en su realización bastante tiempo ya que estaban muy bien trabajadas y hallándose sus paredes hechas con piedras del país pegadas con mortero de una gran calidad constructiva.

El segundo sector de defensa era el llamado Collet del Vent y Comú de Veïns-El Gall. Este espacio montañoso parapetado, que sin ser una gran elevación obtenía una gran visión de la carretera, permitía disparar desde todas las cotas lateralmente y empujar el enemigo hacia el siguiente sector, el embudo del Puente de la Batalla, aprovechando además que a partir de esta zona las montañas empezaban a acercarse peligrosamente a la costa. Se trataba de un importante punto de defensa ya que todos los cerros y montañas se encontraban fortificados con pozos de tirador, nidos de ametralladoras y trincheras, orientados todos hacia el mar y ayudando así a empujar al atacante aún más hacia el mar, invitándole a seguir por la carretera mientras recibía fuego hostil por uno de sus laterales. La ubicación de las defensas aquí era debido a que en este punto las montañas, antes muy encrestades y de fácil defensa, empezaban a redondearse, y en consecuencia, todas estas fortificaciones hacían la doble función de mantener hostilizado al atacante e impedir un posible movimiento de flanqueo por las montañas[3]. También hay que hacer mención que en esta zona, concretamente donde se encuentran actualmente la Central Nuclear Vandellós II y el antiguo apeadero del ferrocarril de Vandellós se encontraba el mando de las fortificaciones.

Por su parte, el tercer sector de defensa era el llamado barranco del Puente de la Batalla, también conocido como el Barranco de los Cinco Puentes. En este sector se buscaba conseguir la superioridad frontalmente con un simple e infranqueable conjunto de trincheras, siendo un punto de vital importancia pues se unían dos vías de comunicación: la vía férrea y la carretera.

Por último, el cuarto y último sector de defensa ocupaba la zona de la Bassa Nova y Cala Justell, una superficie plana y extensa de suave pendiente situada al sur de la batería de costa sur de Coll de Balaguer, entre el mar y la carretera. Esta era la zona más trabajada y fortificada, pensada para detener frontalmente el ataque del enemigo. Las defensas de este sector estaban pensadas con una gran longitud, ya que permitía disparar tanto sobre la vía del ferrocarril como sobre la carretera con los pozos de tirador con los que habían sido reforzadas, quedando a retaguardia las posiciones antiaéreas y la batería de costa sur, y mirando al norte, los cuatro polvorines que proveeían de municiones a las fortificaciones y permitía resguardar a la tropa en caso de necesidad.

[1] CLARÀ I RESPLANDÍS, Josep. Els búnquers de la costa catalana. Patrimoni militar en temps de guerra (1936-1939). Colección Camí Ral, núm 35. Barcelona. Rafael Dalmau Editor. 2012.

[2]MIRO SERRA, Oriol. El Coll de Balaguer. La porta de Tarragona.https://orimiro78.com/2012/11/20/la-plana-del-coll-de-balaguer-la-porta-de-tarragona

[3]MIRO SERRA, Oriol. El Coll de Balaguer. La porta de Tarragona.https://orimiro78.com/2012/11/20/la-plana-del-coll-de-balaguer-la-porta-de-tarragona